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GITA

(Traducción libre, por Narciso Acevedo)
El BHAGAVAD GITA es el diálogo entre Krishna, el Dios, y Arjuna, el guerrero, sobre  las luchas interiores del  humano, sus dudas, cuestionamientos, y las orientaciones divinas. Sanjaya tiene un papel complementario, igual Dhrita-Rashtra.Es quizá un soliloquio, donde el humano se plantea disyuntivas y decide vías de acción, en el contexto milenario de la religión y la filosofía hindú.Fue el libro de cabecera de Ghandi, y su guía espiritual.

Se intentó tomar de la obra, lo que para el occidental puede ser útil u orientador; se obviaron muchas referencias genealógicas de los protagonistas, y se buscó reflejar igualdad de género, acorde con el tiempo actual. Es un ejercicio de traducción, sin pretensión.

GITA1

GITA2

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GITA 1

Dhrita-Rashtra: En el campo de la batalla de la vida, ¿que pasó, Sanjaya, cuando mis hijos y sus guerreros enfrentaron a los de mi hermano Pandu?

Tu hijo, Duryohana, dijo al maestro: Mira el ejército de Drupada. Guerreros, arqueros, grandes como Bhima y Arjuna. Todos en sus carros.

Ve a nuestros guerreros: Tú, mi maestro Bhishma. Karna, enemigo de Arjuna, su medio hermano; Kripa. Tu hijo Asvatthama.

Muchos más, dispuestos a dar su vida por mí, armados y diestros.

Conocemos el tamaño de nuestros ejércitos, pero son innumerables los de Bhima.

Firmes en la línea de batalla, defendamos a nuestro líder Bhishma.

Alentando a Duryodhana, Bhishma lanzó su grito de guerra y sonó su caracol.

Tambores, címbalos y trompetas, cornos y caracoles llenaron el aire.

Krishna de Madhava y Arjuna, respondieron con sus caracoles.

Krishna, con su Panja-janya. Arjuna, con su Devva-datta. Su hermano Bhima, con su Paundra.

El hermano mayor, Yudhishthira. Nakula y Sahadeva. Drupada, los hijos de su hija Draupadi, y Saubhadra, heróico hijo de Arjuna, sonaron por doquier sus caracoles.

La tierra y los cielos temblaron, y los corazones de Duryodhana y sus guerreros, con ellos.

El vuelo de las flechas iba a empezar, y Arjuna, cuya bandera lucía el símbolo de un simio, los vio tomar posiciones de batalla. Tomó su arco, y dijo a Krishna:

Coloca mi carro entre los dos ejércitos, para ver a los guerreros con quienes lucharé, los que desean cumplir la voluntad del malvado hijo de Dhrita-Rashtra.

Krishna situó el carro. Vio a Bhishma y otros dirigentes, y dijo: Mira, Arjuna, los ejércitos Kurus.

Vio en ambos ejércitos a padres, abuelos, hijos, nietos, tíos, amos; hermanos, compañeros y amigos. Sus parientes en ambas líneas de batalla; lo invadió pesar y aflicción, y habló con corazón oprimido:

Veo aquí a mis familiares, Krishna, y se va la vida de mis piernas, mi boca se seca, mi cuerpo tiembla y mi pelo se eriza de horror;

El arco cae de mis manos, mi piel se quema, no puedo sostenerme en pie, mi mente gira y erra. Tengo presentimientos malignos. No vislumbro ninguna gloria si mato a mis parientes en la batalla.

No deseo la victoria, ni un reino, ni sus placeres. ¿Cómo podemos desear, aun la vida, cuando por quienes vivimos están a punto de perderlo todo?

No quisiera matarlos, así fuera yo muerto. Ni por un reino de los tres mundos, mucho menos por uno de esta Tierra.

Si matamos a los malvados, el mal nos alcanzará. ¿Qué gozo puede  haber para nosotros en su muerte, Janardana, colocador de almas?

¿No debemos, quienes vemos el mal de la destrucción, abstenernos de esta terrible obra?

La destrucción de una familia destruye sus rituales de rectitud, sin estos, la ausencia de virtud y honradez se apodera de ella.

En ese desorden, las mujeres pecan y son impuras, y entonces hay desorden de castas, confusión social. Se hunden en el infierno la familia y sus destructores. Los espíritus de sus muertos sufren de dolor, privados de ofrendas. Se destruye la virtuosidad del nacimiento y sus ancestrales ritos.

¿No espera el infierno a quienes carecen de esos rituales?

¡Día oscuro! ¿Qué espíritu maligno movió nuestras mentes, cuando por un reino terrenal vinimos aquí, a matar a nuestra gente?

Prefiero que los hijos de Dhrita-Rashtra me hallen desarmado, y me maten, sin oponerles resistencia.

Así habló Arjuna, y dejando caer arco y flechas, se hundió en su carro, su alma invadida de desesperación y pesar.

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GITA 2

Krishna habló a Arjuna, su amigo: ¿Por qué esa tristeza, en esta hora de prueba? El fuerte no conoce la desesperación, esta no gana cielo ni Tierra. No caigas en la debilidad degradante, no cuadra a un verdadero guerrero. Desecha ese innoble descorazonamiento, y levántate como fuego que lo inflama todo a su paso.

Arjuna: Venero a Bhishma y a Drona. ¿Debo matar al hermano de mi abuelo? ¿A Drona, mi maestro?, codician mi reino, mas son mis sagrados maestros. Prefiero la comida de un pordiosero, a la regia con sabor a su sangre. Ignoramos si su victoria, o la nuestra, será mejor. Los hijos de mi tío y rey están ante nosotros: tras su muerte, ¿Desearemos vivir?

Mi alma está desolada. En mi autocompasión no veo el camino de la rectitud. Soy tu discípulo, te suplico: sé una luz en la senda de mi deber. Ni el reino terrestre, ni el de los dioses, pueden apaciguar el fuego de pesar que quema mi vida.

Sanjaya: Cuando Arjuna hubo volcado su corazón, dijo: Krishna, no pelearé. Y calló.

Krishna sonrió y habló: tus lágrimas son para quienes están más allá del llanto; y, ¿Son sabias tus palabras? Los sabios no sufren por el vivo, ni por quien muere, pues vida y muerte pasarán.

Todos hemos sido, por todo el tiempo: Yo, tú, esos reyes. Seremos, por siempre jamás.

Como el Espíritu de nuestro cuerpo mortal erra en la niñez, en la juventud y en la vejez, el Espíritu va hacia un nuevo cuerpo: de esto, el sabio no duda. Del mundo de los sentidos, viene calor y frío, placer y dolor. Vienen y van, son transitorios. Elévate sobre ellos, alma fuerte. Quien no es afectado por ellos, y su alma está más allá del placer y el dolor, merece vivir en la Eternidad.

Lo irreal nunca es, lo Real nunca cesa de ser. Esta verdad es obvia para quienes puedan verla.

Entretejido en su creación, el Espíritu trasciende la destrucción. Nadie puede acabar con el Espíritu: es perpetuo. Más allá del tiempo, habita en estos cuerpos, unos fenecen, a su tiempo, y él permanece inmedible, inmortal. Por tanto, gran guerrero, pelea.

Si uno piensa que mata, y otro cree que muere, ignoran la verdad. Lo Eterno del humano no puede matar; lo Eterno del humano no puede morir.

Nunca nace, nunca muere, Es, en la Eternidad, es por siempre. No- nacido y eterno, más allá del tiempo pasado y por venir. No muere al morir el cuerpo.

Si alguien sabe a otro no-nacido, perpetuo, invariable, más allá de la destrucción, ¿Cómo puede matarlo, o hacer que otro mate?

El humano deja un ropaje y viste uno nuevo, el Espíritu deja su cuerpo mortal y va hacia otro.

Las armas no lo dañan, ni el fuego lo quema. Intocado por aguas y viento. Perenne, omnipresente, inmutable, inamovible, Uno, por siempre.

Es invisible a ojos mortales, trasciende al pensamiento y al cambio. Sabe tú que él es, y cesa tu pesar.

Mas si hubieres de nacer una y otra vez, y de morir una y otra vez, aun entonces, cesa tu pesar.

Pues todo cuanto nace ha de morir, y de la muerte viene la vida. De cara a lo que ha de ser, cesa tu pesar.

Invisibles antes de nacer, invisibles tras morir. Visibles entre dos invisibilidades son los seres, ¿Por qué hallar pesar en esta verdad?

Uno lo ve en su maravilla, otro nos habla de su maravilla. Uno oye de su maravilla; mas no lo escucha ni lo conoce.

El Espíritu que está en todos los seres, es inmortal en todos ellos: por la muerte de lo que no puede morir, cesa tu pesar.

Piensa en tu deber, no vaciles. No hay mayor bien para un guerrero que pelear una guerra justa, una guerra que abre la puerta del cielo, Arjuna, feliz el destino de luchar en ella.

Evitar la lucha por la virtuosidad, es abandonar deber y honor: es caer en la transgresión.

Se  hablará de tu deshonra hoy y en tiempos por venir; la deshonra es más que la muerte.

Los grandes guerreros dirán que huiste de la batalla por miedo; y quienes pensaban grandes cosas de ti, te desdeñarán.

Tus enemigos hablarán de ti con desprecio, con mala voluntad y te ridiculizarán, burlándose de tu bravura, ¿Puede haber destino más vergonzoso?

En la muerte, tu gloria en el cielo, en la victoria, tu gloria en la Tierra. Levántate entonces, Arjuna, con tu alma lista para pelear.

Prepárate para la guerra con paz en tu alma. En paz en el placer y en el dolor, al ganar y al perder, en la victoria y en la derrota. En esta paz no hay pecado.

Esta es la sabiduría de Sankhya –la visión de lo Eterno. Escucha ahora la sabiduría del Yoga, senda de lo Eterno y liberación del yugo.

No se pierde paso en esta senda, y no entraña peligro. Y aun un pequeño progreso significa liberación del temor.

El seguidor de la senda tiene un pensamiento, y es el Fin de su determinación. Pero de ramas innumerables, son los pensamientos del humano sin determinación.

Hay humanos sin visión, que hablan muchas palabras. Siguen la letra de los Vedas, y dicen: no existe nada fuera de esto.

Su alma está distorsionada por egoísmo, como su cielo. Tienen plegarias para los placeres y el poder; su recompensa es un renacer prematuro.

Quienes aman placer y poder, oyen y siguen sus palabras: carecen de la determinación para llegar a fundirse con el Uno.

Los tres Gunas de la Naturaleza son el mundo de los Vedas. ¡Álzate sobre ellos, sé en Verdad eterno, trasciende opuestos terrestres! Más allá de ganancias y posesiones, posée tu propia alma.

Como un pozo de agua donde el agua se desborda por doquier, así es el uso de los Vedas para quien ve al Supremo.

Pon el corazón en tu trabajo, nunca en su recompensa, no labores por ella, mas nunca dejes de hacer tu faena.

Trabaja en la paz del Yoga, libre de deseos egoístas. Que no te afecte éxito ni fracaso. Yoga es nivelación mental – una paz que siempre es la misma.

Trabajar por un premio es mucho más bajo que hacerlo en la sabiduría del Yoga. Busca la salvación en la sabiduría de la razón ¡Pobre quien trabaja por una gratificación!

Su sabiduría trasciende lo bien y lo mal hecho. Id a la sabiduría: Yoga es sabiduría en acción.

Quien en unión con la sabiduría rechaza las recompensas por su trabajo, libre de las ataduras del nacimiento, se dirige a la morada de la salvación.

Cuando tu mente deje atrás su oscuro e iluso bosque de engaño, trascenderá lo escrito antaño y en el porvenir, y descansará, serena, en divina contemplación. Alcanzarás el objetivo del Yoga.

Arjuna: ¿Cómo es el humano de sabiduría tranquila, en divina contemplación, y cuáles son sus palabras, su silencio, su trabajo?

Krishna: Cuando alguien vence los deseos que llegan a su corazón, y por gracia divina encuentra el placer de Dios, su alma ha encontrado la paz.

Si su mente no se afecta por el pesar, y no añora placer, trasciende pasión, miedo e ira, es sabio de mente serena.

Quien está libre de ataduras, y no se alegra o abate si su fortuna es buena o mala, posée sabiduría serena.

Cuando separa sus sentidos de la atracción del placer sensorial, como la tortuga repliega sus miembros, es sabiduría serena.

Los placeres sensoriales, no los deseos, desaparecen de la mente austera. Y aun los deseos desaparecen, cuando el alma ha visto al Supremo.

La agitada violencia de los sentidos arrastra, impetuosa, incluso la mente del sabio que se esfuerza por alcanzar la perfección.

Reuniéndolos en la armonía del recuerdo, dejad que su mente se asiente en devoción y unión, y su alma encuentre descanso en mí. Pues cuando sus sentidos están en armonía, es sabiduría serena.

Cuando alguien habita en los placeres de los sentidos, crece su atracción hacia ellos, de la atracción crece el deseo, lascivia de la posesión, y ello lleva a la pasión, a la ira.

De la pasión surge la confusión de la mente, luego la pérdida de la remembranza, el olvido del deber. De esta pérdida resulta la ruina de la razón, y ella lleva al humano a su destrucción.

El alma que anda en el mundo de los sentidos, mas los mantiene en armonía, libres de atracción y aversión, encuentra descanso en la quietud. Ahí se abate la carga de sus pesares. Cuando el corazón ha encontrado la quietud, la sabiduría también ha hallado la paz.

Sin armonía no hay sabiduría, sin armonía no hay contemplación, sin contemplación no puede haber paz; sin paz ¿Puede haber gozo, alegría?

Si el alma se ata a la pasión de los errantes sentidos, esta arrastra la sabiduría humana, como el viento a una nave sobre las olas.

Quien aleja sus sentidos de los placeres sensoriales, es sabiduría serena.

En la noche de los seres, el humano tranquilo despierta a la Luz. Mas lo que es día para otros seres, es noche para el sabio que ve.

Como las aguas fluyen al océano, y este no se desborda, el sabio siente deseos, pero es siempre Uno, en su infinita paz.

Quien abandona todo deseo y orgullo de posesión y de sí, alcanza la meta de la paz suprema.

Esto es lo Eterno en el humano. Alcanzarlo destierra todo engaño. Aun en la última hora de su vida en la tierra, puede alcanzar el Nirvana de Brahman, encontrar paz, en la paz de su Dios.

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GITA 3

Arjuna: Si la visión es más grande que la acción, ¿Por qué me ordenas la terrible acción de la guerra? Mi mente está confusa, hay contradicción en tus palabras. Dime por que senda alcanzaré al Supremo.

Krishna: Hay dos caminos a la perfección: el Jñana Yoga, senda de sabiduría de los Sankhyas, y el Karma Yoga, la senda de acción de los Yoguis.

No es absteniéndose de actuar que el humano se libra de la acción. Ni por mera renunciación logra la suprema perfección. Ni por un momento puede prescindir de la acción. Indefenso, está a merced de las fuerzas de la Naturaleza.

Quien se sustrae de las acciones, pero pondera sus placeres en su corazón, se engaña y es un falso seguidor de la Senda.

Grande es quien, libre de ataduras, con la mente gobernando sus poderes en armonía, trabaja en la senda del Karma Yoga, de la acción consagrada.

La acción es más grande que la inacción: haz tu tarea en la vida. La vida del cuerpo no podría ser, si no hubiera acción.

El mundo está sujeto a la acción, a menos de que sea consagrada. Que tus acciones sean puras, libres de las ataduras del deseo.

Así habló el Dios de la Creación cuando hizo al humano y al sacrificio:

“Mediante el sacrificio, la ofrenda, te reproducirás y obtendrás tus deseos. Honrarás a los dioses y ellos te amarán. En armonía con ellos, obtendrás el supremo bien. Contentos con tu sacrificio, te concederán el gozo de tus deseos. Sólo un ladrón disfruta sus regalos sin ofrendar sacrificio a los dioses”.

El santo que se alimenta de los remanentes del sacrificio, se libera de sus pecados; el profano que festeja para sí, ingiere alimento que en realidad es pecado.

El alimento es la vida de los seres, y viene de la lluvia. El sacrificio trae lluvia del cielo; es acción sagrada, descrita en los Vedas, que provienen de lo Eterno, siempre presente en el sacrificio.

Así se puso en movimiento la Rueda de la Ley. El humano vive en vano si, viviendo en los placeres del pecado, no coadyuva a sus revoluciones.

Quien halló el gozo del Espíritu, y en él satisfacción y paz, está más allá de la ley de la acción. Está más allá de lo hecho y lo no hecho, en sus trabajos no precisa la ayuda de los mortales.

Libre de ataduras, haz tu trabajo: el humano cuyo trabajo es puro, llega al Supremo.

El rey Janaka y otros lograron la perfección por la senda de la acción: busca el bien de todos, y acomete la tarea de tu vida. En las acciones de los mejores, otros hallan la norma de las suyas. La senda que un grande sigue, se convierte en una guía para el mundo.

No tengo quehaceres en ningún mundo, Arjuna, pues todos son míos; no busco obtener nada, pues lo tengo todo y, sin embargo, trabajo.

Si no estuviera sujeto a la acción, incansable, perenne, quienes siguen muchas sendas, optarían por mi senda de inacción.

Si mi trabajo finalizara, los mundos terminarían en destrucción, la confusión reinaría: sería la muerte de todos los seres.

Como el necio trabaja egoístamente, que el sabio lo haga para bien de todo el mundo, generosamente.

Que el sabio no perturbe la mente del necio. Que, trabajando con devoción, le enseñe el gozo del buen trabajo.

Todas las acciones se realizan en el tiempo, por el entretejido de las fuerzas de la Naturaleza; pero el iluso, perdido en su egoísmo, piensa que él es el actor.

Quien conoce la relación entre Natura y las acciones, ve cómo las fuerzas interactúan, y no se convierte en su esclavo.

Los engañados por las fuerzas de la Naturaleza, se atan al trabajo de ellas. Que el sabio que ve Todo, no perturbe al necio que no ve.

Ofréceme todos tus trabajos y descansa tu mente en el Supremo. Libérate de vanas esperanzas y pensamientos egoístas, y con paz interior, pelea tu lucha.

Quienes siguen mi doctrina con fé y buena voluntad, encuentran su libertad a través del trabajo puro.

Quienes no siguen mi doctrina y tienen mala voluntad, son ciegos a toda sabiduría, son de mente confusa: están perdidos.

Hasta el sabio actúa bajo el influjo de su naturaleza, todos los seres siguen a la naturaleza ¿Qué caso tiene restringirse?

Odio y lujuria por las cosas de Natura, tienen raíz en la naturaleza humana inferior. Que el humano no caiga bajo su poder, son dos enemigos en su senda.

Cumple tu deber, así sea humilde, mejor que el de otro, así sea grande. Morir en el deber propio, es vida; vivir en el deber de otro, es muerte.

Arjuna: ¿Qué poder lleva al humano a pecar, aun en contra de su voluntad, sin poder evitarlo?

Krishna: Es el deseo codicioso, y la ira, nacida de la pasión, el gran mal, la suma de la destrucción: este es el enemigo del alma.

Todo está nublado por el deseo: como el fuego por el humo, como el espejo por el polvo, como un nonato por su cubierta.

La sabiduría está nublada por el deseo, el omnipresente enemigo del sabio, en sus innumerables formas que, como el fuego, no puede ser satisfecho.

El deseo ha encontrado un lugar en los sentidos, la mente y la razón del humano. A través de ellos ciega el alma, tras haber nublado a la sabiduría.

Pon tus sentidos en armonía, y mata el deseo pecador, destructor de la visión y la sabiduría.

El poder de los sentidos es grande. Más grande que los sentidos es la mente. Más grande que la mente es Buddhi, la razón; y más grande que la razón es Él –el Espíritu, en el humano y en todo. Conoce a Él, que está por encima de la razón; dejad que su paz te dé paz. Sé un guerrero y mata al deseo, el poderoso enemigo del alma.

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GITA 4

Krishna: Revelé este yoga eterno a Vivasvan, el Sol, padre de la luz. Él lo reveló a Manu, su hijo, padre del humano, él a su hijo Ikshvaku, el rey santo. Pasó de padres a hijos en la línea de reyes santos. En las vueltas del tiempo fue olvidado. Hoy revelo a tí este secreto supremo: por tu amor a mí, y porque soy tu amigo.

Arjuna: Si tu nacimiento fue posterior al del Sol. ¿Qué significan tus palabras: “Yo revelé este Yoga a Vivasvan?”

Krishna: He nacido muchas veces, muchas veces has nacido.Yo recuerdo mis vidas pasadas, tú olvidas las tuyas.

Aunque soy no nacido, perenne, y Señor de todo, en mi ámbito natural, y a través de mi poder, nazco.

Cuando la rectitud flaquea y la deshonestidad se jacta orgullosa, mi Espíritu se alza en la Tierra.

Por salvar a los buenos, destruir el mal en el humano y culminar el reino de la rectitud, he venido al mundo en eras pasadas.

Quien me sabe nacido Dios, y conoce mi sacrificio, al dejar su cuerpo mortal, ya no va de muerte en muerte, viene a mí.

¡Cuántos han venido a mí, confiados, llenos de mi Espíritu, libres de pasiones, miedo y odio, purificados por el fuego de la sabiduría!

Como me amen, así encontrarán mi amor: muchas son las sendas del humano, pero todas vienen a mí.

Quien desea poder terrenal, ofrenda a los dioses de la tierra; en el mundo de los humanos, éxito y poder se logran con trabajo.

Los cuatro órdenes de los humanos se originan en mí, acordes con sus naturalezas y tareas. Sabed que esta labor es mía, aunque estoy por encima del trabajo, eternamente.

Atado al trabajo, soy libre, pues estoy libre de deseos. Quien pueda ver esta verdad, encuentra la libertad en su tarea.

Eso lo sabían los humanos de antaño. Has tu tarea, con el espíritu que ellos realizaban la suya.

¿Qué es el trabajo, qué esta más allá del trabajo? Aun algunos que pueden ver, no lo aprecian correctamente. Te enseñaré la verdad del trabajo puro, y esta verdad te hará libre. Sabe qué es trabajo y qué es trabajo equivocado. Conoce también el trabajo que es silencio: su senda es misteriosa.

Quien en su tarea halla silencio, y ve que el silencio es trabajo, en verdad ve la Luz, y halla la paz en todas sus labores.

Si sus tareas son libres de deseo ansioso y adornado pensamiento, purificadas en el fuego de la sabiduría, será llamado sabio por los que pueden ver.

En lo que haga, tendrá paz; no espera nada, no depende de nada, y siempre está lleno de gozo.

No tiene vanas esperanzas, es amo de su alma, cede cuanto tiene, sólo su cuerpo trabaja: es libre de pecado.

Se contenta con lo que Dios le dé, está por encima de estos dos contrarios: no siente celos, y en el éxito y el fracaso, es el mismo, sus trabajos no lo atan.

Logró la liberación: está libre de yugos, su mente encontró paz en la sabiduría, y su trabajo es sacrificio sagrado. Su trabajo es puro.

Quien en su trabajo ve a Dios, va a Dios, es su veneración, su ofrenda, hecha por Él, en el fuego divino.

Hay Yoguis cuyo sacrificio es una ofrenda a los dioses; pero otros sacrifican su propia alma, en el fuego de Dios.

En el fuego de una armonía interior, unos ceden sus sentidos en la oscuridad; y en el fuego de los sentidos, unos ceden su luz externa.

Otros sacrifican su aliento vital y los poderes vitales, en el fuego de una unión interior, iluminada por un destello de visión.

Otros, fieles a votos de austeridad, ofrecen su riqueza en sacrificio, o su penitencia, o su práctica del Yoga, o sus estudios sagrados, o su bagaje de conocimientos.

Otros ofrecen su exhalación a su inhalación, y su inhalación a su exhalación, para lograr el Pranayama, armonía en la respiración, y el flujo de su aliento se da en paz.

Otros, practicando la abstinencia, ofrecen su vida a la vida; saben qué es el sacrificio, y a través de él purifican sus pecados.

Ni este, ni el mundo por venir, son para quien no sacrifica. Y quien disfruta de los remanentes del sacrificio, va a Brahman.

El humano sacrifica de muchas maneras, y de muchas maneras va a Brahman. Sabe que toda ofrenda es trabajo sagrado; si sabes esto, serás libre.

Mayor a cualquier sacrificio terrenal, es el de la sagrada sabiduría. Ella es el objetivo de todo trabajo sagrado.

Los que han visto la Verdad, pueden ser tus maestros de sabiduría. Pregúntales, reverencialos, sírvelos.

Cuando la sabiduría sea tuya, nunca más estarás confundido; verás las cosas en tu corazón, y verás tu corazón en mí.

Así hayas sido el más grande pecador, con ayuda de la sabiduría cruzarás el mar del mal.

Como el fuego reduce lo combustible a cenizas, la eterna sabiduría convierte todo trabajo en cenizas.

Nada puede purificarnos en esta tierra, como la sabiduría. Quien  vive en armonía interna, encuentra esta verdad en su alma.

Quien tiene fé, tiene sabiduría, vive en armonía, su fé es su vida; y quien encuentra la sabiduría, pronto halla la paz suprema.

Quien no tiene paz ni sabiduría, y su alma duda, está perdido. Pues ni en este mundo ni en el siguiente, el gozo es para quien duda.

Quien purifica su trabajo con el Yoga, cuida su alma, y con la sabiduría destruye sus dudas; está libre del trabajo egoísta.

Mata con la espada de la sabiduría la duda nacida de la ignorancia, que está en tu corazón. Sé uno en armonía interior, en Yoga y, gran guerrero, levántate.

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GITA 5

Arjuna: Alabas la renunciación, Krishna, y el Yoga del trabajo sagrado; de ellos, díme ¿Cuál es la senda más álta?

Krishna: renunciación y trabajo sagrado son caminos al Supremo; pero el mejor es el Yoga del trabajo sagrado.

El humano de verdadera renunciación es el que no ansía ni odia, quien está por encima de esos dos contrarios, pronto encuentra su libertad.

Los ignorantes, no los sabios, dicen que Sankhya y Yoga son sendas distintas; pero quien da toda su alma a una, alcanza el objetivo de ambas.

Porque la victoria del sabio, es también la del humano de buen trabajo. Ven la verdad que dice que visión y creación, son una.

Pero la renunciación es dificil de alcanzar sin el trabajo del Yoga. Cuando el sabio es uno en el Yoga, pronto es uno en Dios.

Ningún trabajo mancha al hombre puro, en armonía, amo de su vida, cuya alma es una con el alma de todo.

No hago ningún trabajo“, piensa el humano en armonía, que ve la verdad. Al ver, oir, oler, tocar, comer, caminar, dormir, respirar, hablar, asir, descansar, aun al abrir y cerrar los ojos, recuerda: “Son los sirvientes de mi alma los que están trabajando“.

Ofrenda tus trabajos a Dios, desecha tus ataduras egoístas, y has tu tarea. Entonces, ningún pecado puede mancharte, como las aguas no manchan las hojas del loto.

El Yogui trabaja para la purificación del alma: descarta los apegos egoístas, y son sólo su cuerpo, sus sentidos, su mente o su razón, los que trabajan.

En armonía, cede la recompensa de su trabajo y así alcanza la paz definitiva: quien carece de armonía, urgido por el deseo, se apega a su recompensa y permanece en esclavitud.

El amo de su alma, cede todo trabajo mental, descansa gozando de quietud en el castillo de nueve puertas de su cuerpo; no hace labor egoísta ni provoca que otros la hagan; el Señor del mundo está más allá de los trabajos mundanos, pero el trabajo de Natura continúa. Sus malos y buenos trabajos humanos no son de Él. La sabiduría es oscurecida por la necedad, y los desorienta.

En quien su Espíritu interior purifica la necedad, su sabiduría es un sol radiante, y por ella ve al Supremo.

Con sus pensamientos en Él, y unido a Él, habita en Él, y Él es el fin de su viaje. Y llega a la tierra del no-regreso, su sabiduría lo ha hecho puro, sin pecado.

Ve con igual amor a un Brahmin docto y sagrado, una vaca, perro o elefante, o al humano que come perro.

Los de mente serena, triunfan en la vida en esta Tierra. Dios es puro y siempre uno, y siempre unidos, ellos están en Dios.

Quien ve a Brahman, habita en él: su razón es estable, su extravío ha desaparecido. Si llega el placer, no lo sacude; si llega el dolor, no tiembla.

No lo atan cosas externas, y halla alegría en su interior. Su alma es una en Brahman y alcanza el gozo perenne.

Los placeres mundanos entrañan penas por venir. Vienen y se van, son transitorios: en ellos, los sabios no hallan gozo.

Quien en la tierra, antes de partir, supera las tormentas de deseo e ira, es un Yogui, y tiene gozo.

Tiene gozo interior, alegría interna, y ha encontrado Luz interior. Este Yogui alcanza el Nirvana de Brahman: es uno con Dios y va a Dios. Sus pecados y dudas desaparecen, su alma está en armonía, su gozo está en el bien de todo. La paz de Dios está con él.

Muni, sabio del silencio, cierra la puerta de su alma, y descansa su mirada interior entre sus cejas, mantiene su respiración apacible y nivelada; con vida, mente y razón en armonía, sin deseo, miedo o ira, mantiene silente su alma antes de la liberación final, la cual ya ha logrado.

Me conoce, Dios de los mundos, que acepta las ofrendas humanas, el Dios amigo del todo. Me conoce, y alcanza la paz.

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GITA 6

Krishna: Quien no trabaja por recompensa, pero hace su tarea, es un Sanyasi, un Yogui. Mas no quien no enciende fuego sagrado ni ofrece sacrificio.

El Sanyasi de la renunciación es el Yogui del trabajo sagrado, y ningún humano puede ser Yogui, si no cede su voluntad terrenal.

El sabio sube a las alturas del Yoga, siguiendo la senda del trabajo, y al alcanzarlas, está en la tierra de paz. No está sujeto al trabajo de sus sentidos, ni a sus tareas terrenales.

¡Levántate! Eleva el alma con ayuda de tu Espíritu: no dejes que caiga, tu alma puede ser tu amiga o tu enemiga.

Es tu amiga si la conquistas con el Espíritu. Pero si no eres amo de tu alma, se convierte en tu enemiga.

Si tu alma está en paz, estás en paz, tu alma está en Dios. En frío o calor, placer o dolor, en gloria o desgracia, estás siempre en Él.

El Yogui, feliz, con visión y sabiduría, es amo de su vida interior, con su alma sublime, en alto, es llamado Yogui en armonía. Para él, oro, piedras o arcilla, son lo mismo.

Elevado, en las alturas de su alma, en paz contempla a parientes, compañeros y amigos, imparciales, indiferentes o enemigos, y ve a todos con igual paz interior.

Que el Yogui practique la armonía del alma, en un lugar secreto, en profunda soledad, amo de su mente, sin esperar ni desear nada.

Que encuentre un sitio puro y un asiento cómodo, ni alto ni bajo, con césped sagrado, una piel y un ropaje.

Dejadlo descansar y practicar Yoga para purificar su alma: con la vida de cuerpo y alma en paz; en silencio, ante Él.

Cuerpo, cabeza y cuello rectos, quietos, inmóviles, con la mirada interior tranquila, descansando entre las cejas; el alma en paz, sin temores, fuerte en su promesa de santidad, su mente en armonía y su alma en mí, su Dios supremo.

El Yogui alcanza así la paz suprema del Nirvana, que está en mí.

Yoga es armonía, no para quien come demasiado o poco, o duerme poco o demasiado. Armonía en comer y descansar, en dormir y en la vigilia: perfección en todo lo que se hace. El Yoga previene todo dolor. Si  la mente del Yogui está en armonía y encuentra descanso en el Espíritu interior, alejado de deseos inquietantes, es un Yukta, uno en Dios. Su alma es bujía de luz constante, arde en un refugio donde los vientos no llegan.

Cuando la mente reposa en la quietud de la oración del Yoga, por la gracia del Espíritu, mira, y alcanza la plenitud.

El que busca, conoce el gozo de la Eternidad: una visión percibida por la razón, que trasciende a los sentidos. La acepta y no se aleja de la Verdad. Encuentra gozo y Verdad, visión para él, suprema. Está en equilibrio: el más grande dolor no lo inmuta.

En esta unión del Yoga hay libertad: liberación de la opresión del dolor. Este Yoga debe seguirse con fé, y corazón fuerte y valiente.

Cuando el deseo está en paz, y la mente, retirándose dentro, reúne  las desviadas sensaciones en la armonía del recuerdo; y, con razón resuelta, el que busca, lleva la mente al Espíritu, permite que todos sus pensamientos sean silencio.

Siempre que la mente, inestable e inquieta, se aleje del Espíritu, dejadle guiarla, siempre y para siempre, de nuevo a él.

El gozo supremo va al Yogui de corazón sereno, de pasiones en paz, puro de pecado, uno con Brahman, con Dios.

Se ve en el corazón de todos los seres, y ve a todos los seres en su corazón. Me ve en todo y ve todo en mí, y nunca lo abandono, ni él me abandona a mí.

En su unidad de amor, me ama en todo lo que ve; donde viva, vive en mí. El más grande Yogui es aquel cuya visión es siempre una; y el placer y el dolor de otros, es su placer y dolor.

Arjuna: Me has hablado de un Yoga de constante unidad, de una comunión que siempre es una; pero la mente es inconstante: en su inquietud no encuentro descanso. Es impetuosa, voluntariosa, no se puede entrenar: controlarla parece tan difícil como domar vientos poderosos.

Krishna: Así es, pero con práctica constante, librado de pasiones, la puedes entrenar. Cuando no está en armonía, la comunión divina es difícil de alcanzar; en armonía, y porfiando, la lograrás.

Arjuna: Si alguien trata y falla, y su mente no está en el Yoga, pero tiene fé, ¿Cuál es su final, alejado de tierra y cielo, errando en vientos sin rumbo, se desvanece como nube, al no hallar la senda de Dios?

Sé la Luz en mi oscuridad ¿Quién si no tú puede resolver estas dudas?

Krishna: Ni en este mundo ni en el venidero, perece, jamás; pues quien hace el bien, hijo mío, nunca anda la senda de la muerte.

Habita, por innumerables años, en el cielo de quienes hicieron el bien, y luego nace de nuevo en la casa de los buenos y los grandes. Puede nacer en una familia de Yoguis, donde brilla la sabiduría del Yoga, pero ello es un evento raro en este mundo.

Empieza una nueva vida con la sabiduría de su vida anterior; y de nuevo se esfuerza, siempre va adelante, hacia la perfección.

Su anterior anhelo y lucha lo empujan irresistiblemente adelante, y aun quien sólo anhela el Yoga, trasciende las palabras de los libros.

El Yogui constante, de alma pura de pecado, logra la perfección a través de muchas vidas, y alcanza el Fin Supremo.

Sé un Yogui, pues irás más allá que quienes sólo siguen la senda de la austeridad, o de la sabiduría, o del trabajo.

El más grande Yogui es el que, con toda su alma, tiene fé, y con toda su alma, me ama.

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GITA 7

Krishna: Tendrás la visión completa de mí, si pones tu corazón en mí, esforzándote por el Yoga; seré tu refugio supremo. Hablaré de la sabiduría, y de la visión que, al conocerla,  no precisarás saber nada más.

Entre miles, quizá uno busca la perfección, y entre miles que la buscan, quizá uno me conocerá en verdad.

Las formas visibles de mi naturaleza son ocho: tierra, agua, fuego, aire, éter; la mente, la razón, y el sentido del “Yo”.

Pero más allá de mi naturaleza visible, está mi Espíritu invisible. Es la fuente de vida donde este universo tiene su ser.

Todas las cosas tienen su vida en esta Vida, y yo soy su inicio y su final.

En este vasto universo no hay nada más alto que yo. Todos los mundos descansan en mí, como perlas ensartadas en un hilo.

Soy el sabor de las aguas vivas y la luz del Sol y la Luna, soy OM, la palabra sagrada de los Vedas, sonido en silencio, el heroísmo del humano.

Soy la fragancia pura que proviene de la tierra y el brillo del fuego. Soy la vida de todos los seres y la austera vida de quienes entrenan su alma.

Soy la eterna semilla de la vida eterna. Inteligencia del inteligente. La belleza de lo bello.

Soy el poder de los fuertes, cuando el poder es libre de pasiones y deseos egoístas. Soy el deseo, cuando este es puro, cuando no se opone a la rectitud.

Y sabe que los tres Gunas, los tres estados del alma, provienen de mí: luz pacífica, vida inquieta, y oscuridad sin vida. Pero no estoy en ellas, ellas están en mí.

¡Cómo está el mundo engañado por estas sombras del alma, y no me conoce, a pesar de que soy eterno!

Mi apariencia de nube misteriosa es difícil de remontar, mas quien en verdad viene a mí, trasciende el mundo de las sombras.

Quien hace el mal, no me busca; su alma oscurecida por el engaño, su visión velada por la nube de las apariencias, su corazón escogió la senda del mal.

Hay cuatro clases de humanos buenos, los cuatro me aman: el de los pesares, el que busca sabiduría, el que busca algo que aprecia, y el hombre de visión.

El más grande es el de visión, es siempre uno, ama al Uno, pues yo lo amo, y el me ama. Él y yo somos uno, su alma entera está en mí, y yo soy su Fé Suprema. Al cabo de muchas vidas, él viene a mí, y dice “Dios es todo“, ¡Raramente se encuentra tal espíritu sublime!

Quien tiene su visión nublada por los deseos, da su amor a otros dioses, y guiado por su naturaleza egoísta, sigue otras sendas.

Si alguien decide adorar con fé a otro dios, yo infundo fé en él, fé firme e invariable. Y cuando, lleno de fé, adora a ese dios, obtiene lo que desea; pero todo ese bien, proviene de mí.

Mas es de sabiduría pequeña, y el bien que quiere, tiene un final. Quien ama a los dioses, va a ellos; quien me ama, viene a mí.

Los necios creen que soy esa forma de mi naturaleza inferior que ven los mortales; no conocen mi naturaleza superior, imperecedera y suprema.

Mi gloria no la ven todos: estoy oculto por mi velo de misterio; en su ilusión, el mundo no me conoce, soy el no nacido, el eterno.

Conozco lo que fue y lo que será, pero nadie me conoce en verdad.

Los seres nacen ilusos, en el engaño de la división que viene del deseo y el odio.

Hay quien hace el bien, y sus pecados acaban. Libre del engaño de la división, me venera con toda su alma.

Quien se refugia en mí y se esfuerza por librarse de la edad y la muerte, conoce a Brahman y a Atman, y sabe lo que es el Karma.

Me conoce en tierra y cielo, y en el fuego del sacrificio, su alma es pura, en armonía; y aún en su hora de partir, me ve.

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GITA 8

Arjuna: ¿Qué es Brahman?, ¿Quién es Atman, ¿Qué es Karma?, ¿Qué es el reino de la tierra?, y ¿Qué es el reino de la Luz?

¿Quién ofrece el sacrificio en el cuerpo, y cómo se hace? y cuando llega el tiempo de partir, ¿Cómo te identifica quien tiene su alma en armonía?

Krishna: Brahman es el Supremo, el Eterno. Atman es su Espíritu en el humano. Karma es la fuerza de la creación, de donde todas las cosas obtienen su vida.

La materia es el reino de la tierra, que a su tiempo perece; pero el Espíritu es el reino de la Luz. En este cuerpo ofrezco sacrificio, y mi cuerpo es un sacrificio.

Quien al fin de su tiempo deja su cuerpo pensando en mí, viene a mi ser, en verdad viene a mí.

Según en quien se piense en el momento de partir, hacia él se va, por simpatía con su naturaleza.

Piensa en mí siempre, recuérdame y lucha, y con mente y razón en mí, en verdad vendrás a mí.

Quien piensa en el Espíritu Supremo con alma que no erra, porque ha sido entrenada en el Yoga, va hacia ese Espíritu de Luz.

Quien recuerda al Creador, que gobierna todo desde siempre, más pequeño que el átomo más pequeño, y sostiene el vasto universo, quien brilla como el sol más allá de la oscuridad, mucho más allá que el pensamiento humano; quien a la hora de partir está en unión del amor y en el poder del Yoga y con alma decidida mantiene el poder de su vida entre sus cejas, va al Espíritu Supremo de Luz.

Oye lo que los estudiosos del Veda llaman el Eterno, alcanzado por quien, en paz con pasiones terrenales, vive en santidad y se esfuerza por lograr la perfección.

Si al partir está en silencio del Yoga, y cerrando las puertas de su alma, mantiene el alma en su corazón, y coloca en su cabeza el aliento de vida, y recordándome dice OM, la PALABRA eterna de Brahman, irá a la Senda Suprema.

Quien, devoto del Yoga, descansa su alma siempre en mí, pronto viene a mí, la Residencia del Gozo supremo, y jamás regresa a este mundo de pesar.

Todos los mundos fenecen, aun el de Brahma, el Creador; pasan y regresan. Pero quien viene a mí, ya no va de muerte en muerte.

Quien sabe que el día de Brahma dura mil eras, igual que su noche, conoce realmente día y noche.

Cuando llega ese día, toda la creación visible surge de lo Invisible, y toda la creación desaparece en lo Invisible, al llegar esa noche.

La infinidad de seres que viven una y otra vez desaparecen en esa noche, y regresan al despuntar el día.

Más allá de esta creación visible e invisible, hay una Invisible, más alta, Eterna; al fenecer todas las cosas, permanece por siempre.

La Invisible se llama Perpetua, es el más alto Fin supremo. Quien lo alcanza nunca regresa. Es mi suprema morada.

Este Espíritu Supremo se alcanza con un amor inmortal. En él todo tiene vida, de él provienen todas las cosas.

Oye de un tiempo de luz, cuando los Yoguis van a la vida eterna; y de uno de oscuridad, cuando regresan a la muerte en la Tierra.

Si parten en la flama, la luz, el día, en las brillantes semanas de la Luna y en los meses de creciente luz del Sol, los que conocen a Brahman, van a Brahman.

Mas si parten en el humo, la noche, las oscuras semanas de la Luna y los meses de decreciente luz solar, entran a la luz lunar y vuelven  al mundo de la muerte.

Estas son las dos sendas que son por siempre: la de la luz y la de la oscuridad. La primera lleva a la tierra del no regreso, y la segunda regresa al pesar.

El Yogui que conoce las dos sendas no vive más en el engaño. Por tanto, sé siempre uno con el Yoga, Arjuna.

Hay una recompensa que viene de los Vedas, o del sacrificio, de una vida austera, o de ofrendas sagradas. Pero mucho mayor es la recompensa obtenida por el Yogui que conoce la verdad de la Luz y la oscuridad: alcanza su Morada Perpetua.

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GITA 9

Krishna: Te diré un misterio supremo, porque tu alma tiene fé. Es visión y sabiduría, si lo conoces, serás libre de pecado. Es suprema purificación. Visto en una visión maravillosa, es senda de rectitud, fácil de seguir, que conduce al más alto Fin.

Quienes no tienen fé en esta Verdad, no vienen a mí: regresan a los ciclos de vida en muerte.

Todo este universo visible proviene de mi Ser invisible. Todos los seres dependen de mí, pero yo no descanso en ellos. Soy la fuente de todos los seres, se apoyan en mí, mas yo no dependo de ellos.

Como los poderosos vientos se apoyan en la vastedad del espacio etéreo, todos los seres descansan en mí. Conoce esta verdad.

Al fin de la noche del tiempo, las cosas regresan a mi naturaleza; y cuando el nuevo día del tiempo comienza, las vuelvo a la luz.

A través de mi naturaleza creo todo. Soy y vigilo el drama de las tareas. Vigilo, y en su tarea creativa la naturaleza trae todo lo que se mueve, y lo inmóvil; y así revoluciona el mundo, en los círculos del tiempo.

Los necios del mundo no me conocen al ver mi cuerpo humano. No conocen mi Espíritu supremo, el infinito Dios de todo esto.

Su esperanza, su trabajo, su aprendizaje, sus pensamientos, son en vano. Caen a la naturaleza de los demonios, hacia la oscuridad del engaño del infierno.

Hay grandes almas que me conocen: su refugio es mi naturaleza divina. Me aman: saben que soy la fuente de todo. Me veneran con devoción, siempre. Sus votos son firmes; su armonía es siempre una; me adoran con amor.

Otros me veneran, y trabajan para mí, con el sacrificio de la visión espiritual. Me veneran como Uno y como muchos, porque ven que todo está en mí. Soy sacrificio y ofrenda, regalo y planta sagrada. Soy las palabras, el alimento y el fuego sagrados, y la ofrenda que se hace en el fuego.

Soy el Padre de este universo, y aun la fuente del padre. La Madre de este universo, y el Creador de todo. Soy lo más Alto que puede conocerse, la Senda de la Purificación, el sagrado OM, los Tres Vedas.

Soy el camino, y el Maestro que vigila en silencio: tu amigo, tu refugio y tu morada de paz. Soy el inicio, el medio y el final de todas las cosas, la semilla de Eternidad, su Tesoro supremo.

El calor del Sol proviene de mí, envío y detengo la lluvia. Soy vida inmortal y muerte; soy lo que es y lo que no es.

Hay quienes conocen los Tres Vedas, beben el Soma, son puros de pecado. Adoran y oran por el cielo. Alcanzan el cielo de Indra, el rey de los dioses, y ahí disfrutan reales placeres. Disfrutan el vasto mundo del cielo, pero la recompensa de su trabajo llega a su fin: y regresan al mundo de la muerte. Siguen las palabras de los Tres Vedas, codician y obtienen placeres pasajeros.

A quienes me adoran con alma única, y están siempre en armonía, les aumento lo que tienen y les doy lo que no tienen.

Quienes con fé veneran otros dioses, por su amor me veneran a mí, aunque no en la forma correcta.

Acepto todo sacrificio, soy el supremo Señor, pero no conocen mi Ser puro, y por ello caerán.

Quien adora a los dioses, va a ellos; si a los padres, va a ellos; si a los espíritus inferiores, va a ellos. Pero quien me adora, viene a mí.

Quien me ofrece una hoja, una flor, una fruta, o un poco de agua, con devoción, se lo acepto a esa alma anhelante, pues con corazón puro, lo ofrece con amor.

Lo que hagas, comas, des u ofrezcas en adoración, que sea una ofrenda a mí; y lo que sufras, súfrelo por mí. Así estarás libre de las ataduras del Karma, que da frutos buenos y malos, y con el alma en renunciación, serás libre y vendrás a mí.

Soy el mismo para todos los seres, y mi amor es siempre el mismo, pero quien me venera con devoción, está en mí y yo estoy en él.

Aun al más grande pecador, si me venera con toda su alma, debe considerársele recto, por su recta voluntad. Y pronto será puro y alcanzara paz perenne. Es mi promesa: quien me ame, no perecerá.

Quien venga a mi por refugio, por débil, humilde o pecador que sea –mujer, Vaisyas o Sudras –todos alcanzan la Senda suprema.

¡Y más los Brahmines y los santos sagrados que me aman! Ámame tú, que has venido a este transitorio mundo de pesar.

Dame tu mente y tu corazón, tus ofrendas y tu adoración; y con tu alma en armonía, haciéndome tu meta suprema, en verdad vendrás a mí.

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GITA 10

Krishna: Escucha de nuevo la gloria de mi Palabra. Hablo por tu bien, porque tu corazón encuentra gozo en mí.

Los dioses no conocen mi natalicio, ni los grandes sabios de la tierra, pues todos los dioses vienen de mí, y todos los sabios, todo.

Quien sabe que no tengo inicio, que soy el no nacido, el Señor de todos los mundos, está libre de engaño, y de todo mal.

Inteligencia, visión espiritual, victoria sobre lo ilusorio, verdad, perdón paciente, armonía interior, paz, gozo y pesar, ser y no ser, tener miedo y ser libre de miedo, indefensión y no-violencia, una quietud perenne, satisfacción, sencilla austeridad, generosidad, honor y deshonor: son las condiciones del mortal y todas surgen de mí.

Los siete profetas de tiempo inmemorial y los cuatro fundadores de la raza humana, surgieron de mi mente; de ellos vino este mundo humano.

Quien conoce mi gloria y mi poder, tiene la unicidad de la armonía invariable. Esta es mi Verdad.

Soy La fuente única de todo: la evolución de todo proviene de mí. Los sabios piensan esto y me veneran en adoración amorosa.

Sus pensamientos están en mí, sus vidas están en mí, y se iluminan entre sí. Siempre hablan de mi gloria, y hallan paz y gozo.

A quienes están siempre en armonía y me veneran con amor, doy el Yoga de la visión, y con él vienen a mí.

Moro en sus corazones y disipo su oscuridad de ignorancia, con la luz de la lámpara de sabiduría.

Arjuna: Supremo Brahman, Luz y purificación suprema, Espíritu divino y eterno, Dios no nacido del orígen, omnipresente Señor de todo. Así te veneran todos los profetas: Narada, Asita, Devala y Vyasa. Y esta es tu revelación.

Tengo fé en tus palabras, palabras de Verdad; ni los dioses del cielo ni los demonios del infierno pueden asir tu infinita vastedad.

Sólo tu Espíritu conoce tu Espíritu: sólo tú te conoces. Fuente del Ser en todo ser, Dios de dioses, gobernante de todo.

Díme, merced a tu gloria divina, dónde estás siempre y dónde los mundos todos.

Si siempre medito, ¿Cómo te conoceré, y en que manifestaciones deberé pensar en ti?

Háblame de nuevo, en todo tu poder y gloria, pues jamás me canso de escuchar tus palabras de vida.

Krishna: Te revelaré algunas manifestaciones de mi divina gloria. Sólo las más grandes, pues mi grandeza es infinita.

Soy el alma que mora en el corazón de todas las cosas, principio, mitad y fin de todo cuanto vive.

Entre los hijos de la luz, soy Vishnu, y de las luminarias, el Sol radiante. Soy señor de vientos y tempestades, y de las luces de la noche, soy la Luna.

Soy el Veda de las canciones, soy Indra, jefe de los dioses. Sobre los sentidos humanos soy la mente, y en todos los seres vivos, soy la luz de la conciencia.

Entre los poderes terribles soy el dios de la destrucción, y entre los monstruos Vittesa, el dios de la riqueza. De los espíritus radiantes soy el fuego; entre las montañas, la de los dioses.

De los sacerdotes soy Brihaspati; soy Skanda, dios de la guerra; de los lagos, soy el vasto océano.

De los profetas soy Bhrigu; de las palabras, soy OM, palabra de la Eternidad; de las plegarias, la del silencio, y de lo inamovible soy los Himalayas.

De los árboles soy el de la vida, de los visionarios celestes, Narada.

De los músicos celestes, Chitra-ratha, entre los profetas terrestres, Kapila.

De los caballos, soy el de Indra, de los elefantes su Airavata. Entre  los humanos, soy su rey.

De las armas soy el trueno; de las vacas, la maravillosa. Entre los creadores soy el del amor; entre las serpientes, la de la Eternidad.

De las serpientes de misterio soy Ananta, de las acuáticas, Varuna. De los espíritus de los padres soy Aryaman, de los que gobiernan soy Yama, el de la Muerte.

De los demonios soy Prahlada, su príncipe; de las cosas que miden, soy el tiempo. De las bestias soy el rey; de las aves, Vainateya, que carga a un dios.

Entre lo que purifica soy el viento, de los guerreros, Rama, héroe supremo. De los peces marinos, Makara el maravilloso; entre los ríos, el Ganges.

Soy el primer sonido: A; de los compuestos, la coordinación; soy el inacabable tiempo, el Creador que lo prevé todo. Soy la muerte que todo se lo lleva, la fuente de las cosas futuras; de los nombres femeninos Fama y Prosperidad, Habla, Memoria e Inteligencia, Constancia, y Clemencia paciente.

Soy las canciones Brihat de los Vedas. El Gayatri de las medidas en verso; de los meses el primero; la estación de las flores. Soy la habilidad en el jugador de dados, la belleza de lo bello, la victoria y la lucha por lograrla. Soy la bondad de los buenos.

De los hijos de Vrishni soy Krishna; de los de Pandu, Arjuna. De los profetas en silencio, soy Vyasa, entre los poetas, Usana.

El cetro de los gobernantes, la política sabia de quienes buscan la victoria, el silencio de los misterios ocultos, conocimiento del que sabe.

Sabe que soy la semilla de lo que es, ningún ser, móvil o inmóvil, puede ser, sin mí.

Mi grandeza no tiene fin, lo dicho muestra una pequeña parte de mi infinitud.

Todo cuanto es bello y bueno, glorioso y poderoso, es sólo parte de mí.

¿De qué te sirve saber esta diversidad? Sabe que con una fracción de mi ser yo impregno y sostengo al Universo, sabete que YO SOY.

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GITA 11

Arjuna: Me has dicho el secreto supremo de tu Espíritu, y tus palabras han disipado mi engaño. He escuchado del ir y venir de los seres, y de tu infinita grandeza, y tus palabras de verdad, pero mi alma anhela ver tu forma de Dios de todo esto.

Si crees que puedo verla, enséñame ¡Oh Dios del Yoga! La gloria de tu Supremo Ser.

Krishna: Por cientos y por miles, observa mis formas celestiales de innúmeras apariencias y colores.

Ve los dioses del Sol, fuego y luz, tormentas y relámpago, los dos luminosos aurigas del cielo. Ve maravillas nunca vistas antes.

Ve el universo móvil e inmóvil, y lo que tu alma ansíe ver. Vélo como Uno en mí.

Mas no puedes verlo con ojos mortales: te daré vista divina. Ve mi maravilla y gloria.

Sanjaya: Cuando Krishna, así habló, apareció ante Arjuna en su suprema forma divina, y Arjuna observó incontables visiones: ojos de innumerables rostros, ornamentos, armas, guirnaldas y atuendos celestiales, perfumados. La Divinidad Infinita mostraba todos sus lados y las maravillas que contenía.

Si la luz de mil soles brillara de pronto, su esplendor se compararía con lo radiante del Espíritu Supremo. Arjuna vio todo el universo en su variedad, situado en unión, en el cuerpo del Dios de dioses.

Temblando de asombro y maravilla, Arjuna inclinó su cabeza y, uniendo sus manos en oración, habló a su Dios.

Arjuna: Veo en ti a todos los dioses, y la infinidad de seres de tu creación; a Brahma en su trono de loto, y a todos los visionarios y serpientes de luz.

Alrededor veo tu Infinitud, el poder de tus armas, las visiones de tus innumerables ojos, las palabras de tus bocas incontables, y el fuego de vida de tus cuantiosos cuerpos. ¡No veo principio, mitad o final de ti!

Veo el esplendor de la belleza que ilumina al universo ¡Eres tú!, con tu corona, cetro y círculo, ¡Que difícil es verte! Mas te veo: como fuego, como Sol, cegador, incomprensible, inabarcable.

Eres el imperecedero, el más alto Fin del conocimiento, apoyo del  universo. Eterno que gobierna con la ley de la rectitud, el Espíritu que es y que era en el Principio. Veo tu rostro como fuego sagrado que da luz y vida al universo en el esplendor de una vasta ofrenda. Cielo, tierra y el espacio infinito están llenos de tu Espíritu; ante la maravilla de tu majestad, los tres mundos tiemblan.

Todos los dioses vienen a ti y, en asombro y maravillados, uniendo sus palmas te alaban y veneran. Sabios y santos te alaban y cantan tu gloria.

Rudras de la destrucción, Vasus de fuego, Sadhyas de plegarias, Adityas del Sol, dioses menores Visve-Devas, aurigas Asvins del cielo, Maruts de vientos y tormentas, espíritus Ushmapas de los ancestros, coros celestiales de Gandharvas, los guardas Yakshas de riquezas, demonios del infierno, Siddhas que en la tierra lograron la perfección: todos te ven con asombro y maravilla.

Ven también tu forma imponente, con tantas bocas, ojos, vientres, muslos, pies, y terribles dientes, tiemblan de miedo, y yo también.

Como el fuego al fin del Tiempo, que lo quema todo el último día, veo tus bocas y dientes ¿Dónde estoy? ¿Dónde mi abrigo? ¡Ten piedad de mí, Dios de dioses, Refugio Supremo del mundo!

Los hijos de Dhrita-Rashtra, príncipes, Bhishna, Drona, Karna y otros grandes guerreros, entran en tus bocas de terribles colmillos y sus cabezas son aplastadas y pulverizadas.

Como los torrentes se precipitan al océano, estos héroes del mundo mortal van a tus bocas flameantes.

Como las polillas van al fuego a morir, se lanzan a su destrucción.

Las llamas de tus bocas devoran todos los mundos. Tu gloria llena todo el universo, pero ¡Qué terrible arden tus esplendores!

¡Revélate a mí! ¿Quién eres en esta forma de terror? Te adoro, Dios supremo: anhelo conocerte, eres desde el principio, y no entiendo tus misteriosos trabajos.

Krishna: soy Tiempo todopoderoso que destruye todo, he venido a matar a estos humanos. Aunque no luches, quien te enfrente, morirá.

¡Levántate, gana tu gloria! Conquista a tus enemigos y disfruta tu reino. A través del destino de su Karma los he condenado a morir: sé el simple instrumento de mi trabajo.

Ya he maté a varios heróicos guerreros: no tiembles, pelea, mata. Conquistarás a tus enemigos en la batalla.

Sanjaya: Arjuna dobló sus manos temblando, con voz vacilante e inclinándose en adoración, habló.

Arjuna: Está bien que los pueblos te canten alabanzas, y que se alegren y regocigen en ti. Los espíritus malignos huyen temerosos; pero todos los santos se inclinan ante ti.

¿Cómo no habrían de inclinarse en amor y adoración ante ti, Dios de dioses, Espíritu Supremo? ¡Creador de Brahma, tú, infinito, eterno, refugio del mundo! Quien debe conocerse y el Conocedor, el descanso final, infinita Presencia en quien están todas las cosas. Adoración a ti, una y otra vez.

Si en descuidada pretensión, en amistad, dije: ¡Krishna, hijo de Yadu, amigo mío!, lo hice inconsciente de tu grandeza.

Si con irreverencia te falté al respeto –solo o con otros- hice broma de ti en los juegos, descansando, en fiestas, perdóname por piedad, ¡Oh, tú, inconmensurable!

Imploro tu gracia, ¡Oh, glorioso Señor, concédeme tu gracia!

He visto lo que ningún humano ha visto; me regocijo, mas mi corazón tiembla de miedo; muéstrame de nuevo tu forma humana.

Anhelo verte de nuevo con tu corona, cetro y círculo. Muéstrate de nuevo  con tus cuatro brazos, Forma Infinita.

Krishna: Por mi gracia y poder te enseñé esta forma suprema hecha de luz, que es el Infinito, el Todo: mi forma desde el Principio, nunca vista antes por el humano.

Vedas, sacrificios, estudios, buenas obras, rituales, austeridades, no pueden lograr ver mi Forma Suprema. Sólo tú has visto esta forma, tú, el más grande de los Kurus.

Has visto la tremenda forma de mi grandeza, mas no temas, libre de temor y con corazón alegre ve mi amistosa forma de nuevo.

Sanjaya: Así habló Vasuveda a Arjuna, y se reveló en su forma humana. Apaciguó sus temores y se mostró en pacífica belleza.

Arjuna: Cuando veo tu gentil rostro humano, regreso a mi naturaleza y mi corazón está en paz.

Krishna: has visto cara a cara mi divina forma, aun los dioses del cielo ansían ver lo que tú. Sólo a través del amor puede el humano verme, conocerme, venir a mí,

Quien trabaja para mí, me ama, y su Fin Supremo soy yo, libre de ataduras, y con amor por toda la creación, en verdad viene a mí.

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GITA 12

Arjuna: Quienes te adoran como Dios inmanente en todo, y los que veneran lo Trascendente, lo Imperecedero- De estos, ¿Quiénes son los mejores Yoguis?

Krishna: Quienes con su corazón cifrado en mí,  me veneran con amor, y tienen firme fé en mí, los tengo por los mejores Yoguis.

Quien adora al Imperecedero, Infinito, Trascendente no manifiesto,  más allá de todo pensamiento, Omnipresente, Inmutable, siempre Uno; con los poderes de su alma en armonía y la mente siempre amante para todos y encuentra gozo en lo bueno de todos los seres – me alcanza en verdad.

Más grande es la labor del mortal con la mente en el Trascendente.

Mas a quien soy su Fin Supremo, y me dedica tareas, meditación y veneración  –pronto lo libero del océano de muerte, pues ha puesto su corazón en mí. Si ello se te dificulta, busca alcanzarme a través de la práctica de la concentración Yoga, y si no puedes, consagra tu trabajo a mí. Con sólo realizar acciones a mi servicio, lograrás la perfección.

Si tampoco puedes hacer eso, refúgiate en la devoción hacia mí, dedícame el fruto de todo tu trabajo, con humildad en tu corazón.

Pues la concentración es mejor que la mera práctica, y meditar es mejor que la concentración, mejor que meditar es dar con devoción los frutos de nuestras acciones, pues al darlos sigue la paz.

Quien tiene buena voluntad para todo, amigable y compasivo, y no piensa en función de “Yo” y “mío“, y su paz es la misma en placer y pesar, y perdona; este Yogui de unión, siempre lleno de mi gozo, de alma en armonía y fuerte determinación, mente y visión interior puestas en mí –me ama, y es apreciado por mí.

Su paz no es perturbada por otros, y ante él otros hayan paz, más allá de agitación, rencor y miedo –es apreciado por mí.

Es libre de vanas expectativas, puro, sabio y sabe qué hacer, que en paz interior observa ambos lados, no vacila, y trabaja para Dios y no para sí –me ama y es precioso para mí.

No siente agitación ni repulsión, no se queja, no codicia nada, está más allá del bien y del mal, y tiene amor –es apreciado por mí.

Su amor es el mismo para amigos y enemigos, su alma la misma en honor y desgracia, trasciende el calor y el frío, el placer y el dolor; libre de ataduras; equilibrado en culpa y elogio, su alma es silente, feliz con lo que posea, su hogar no está en este mundo y tiene amor –es apreciado pr mí.

Pero más apreciado es quien tiene fé y amor, y me tiene por su Fin Supremo: quien oye mis palabras de Verdad y viene a las aguas de la Vida Perdurable.

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GITA 13

Krishna: Este cuerpo, es llamado el campo. Quien sabe esto es llamado el conocedor del campo.

Soy el conocedor en todos los campos de mi creación; la sabiduría que ve al campo y al conocedor, es verdadera.

Escucha qué y cómo es el campo, cuáles sus cambios y cuándo se dan, quién el conocedor, y su poder. Esto ha sido cantado por los visionarios de los Vedas en muchas medidas musicales de verso, y en grandes palabras de fé y verdad, sobre Brahman.

Los cinco elementos, el pensamiento del “Yo“, la  conciencia, la subconciencia, los cinco poderes del sentimiento, los cinco de la acción, la mente que los trasciende, los cinco campos de sentido-percepción.

Deseo, aversión, placer, dolor, poder de unificación mental, valor, inteligencia, este es el campo y sus modificaciones.

Humildad, sinceridad, inocuidad, perdón, verticalidad, devoción al maestro espiritual, pureza, constancia, armonía.

Libertad de la lascivia sensorial, ausencia del pensamiento del “Yo“, percepción de los pesares del nacimiento, muerte, vejez, enfermedad y sufrimiento.

Libertad de las cadenas del apego, incluso el apego egoísta hacia hijos, esposa u hogar; omnipresente equilibrio mental en eventos placenteros o aciagos.

Unicidad de amor puro, jamás desviado, hacia mí; retiro a lugares solitarios, y evitar las multitudes ruidosas.

Desear  conocer el Espíritu interior, visión de la Verdad liberadora: esta sabiduría lleva a la visión. Lo que se le oponga, es ignorancia.

Hablaré de la  finalidad de la sabiduría: quien la conoce trasciende la muerte. Es Brahman, sin inicio, supremo, más allá de lo que es y de lo que no es. Tiene manos, pies, cabezas y bocas por doquier, lo ve y lo oye todo. Está en todo, es.

La luz de la conciencia viene a él a través de infinitos poderes de percepción, y está por encima de ellos, de todo, y sin embargo lo sustenta todo. Trasciende el mundo material, pero goza en él.

Es invisible, está lejos y cerca, se mueve y permanece quieto, está dentro y fuera de todo.

Es UNO en todo, y parece ser muchos. Sustenta a todos los seres: de él viene la destrucción, y la creación.

Es luz de todas las luces, que brilla más allá de toda oscuridad. Es la visión, y la finalidad de la visión a ser alcanzada, a través de la visión que mora en el corazón de todo.

He dicho qué es el campo, la sabiduría y cuál la Finalidad de la visión humana. Cuando el humano sabe esto, entra a mi Ser.

Sabe que Prakriti, Naturaleza, y Purusha, Espíritu, no tienen comienzo, y que cambios temporales y Gunas, las condiciones, todos vienen de Natura.

La Naturaleza es la fuente de las cosas materiales: el hacedor, los medios para hacer, y las cosas hechas. Espíritu es la fuente de toda conciencia que siente placer y dolor.

El espíritu humano, en Natura, siente sus cambiantes condiciones. Si se ata a cosas cambiantes, un torbellino del destino, bueno o malo, lo lleva a través de la vida-en-muerte.

Mas el Espíritu Supremo humano trasciende al destino. Observa, bendice, soporta y siente todo. Es llamado Señor Supremo y Alma Suprema.

Quien conoce al Espíritu, y las condiciones cambiantes de Natura, no será arrastrado por el torbellino del destino.

Por el Yoga de la meditación, y la gracia del Espíritu, unos lo ven en ellos mismos, algunos por el Yoga de la Visión de la Verdad, otros por el Yoga del trabajo.

Otros no lo ven, pero oyen a otros, y veneran. También trascienden la muerte, por su devoción a las palabras de Verdad.

Lo que nace, Arjuna, así se mueva o no, sábete que proviene de la unión del campo y de su conocedor.

Quien ve que el Señor de todo es siempre el mismo en todo cuanto es, inmortal en el campo de la mortalidad – ve la verdad, sabe que no se daña al dañar a otros; entonces se dirige a la senda más alta.

Quien ve que todo trabajo es sólo trabajo de la Naturaleza, y que el Espíritu lo vigila -ve la verdad.

Cuando ve que infinidad de seres distintos moran en el UNO, y es una evolución del UNO, entonces se vuelve uno con Brahman.

Aunque el Espíritu está en el cuerpo, no es suyo el trabajo de éste, y está puro de la imperfección de todo trabajo.

Como el omnipresente éter es puro por intangible, así el Espíritu que habita en la materia, permanece puro de su contacto.

Como el Sol da luz a todas las cosas de este mundo, el Señor del campo da luz a éste.

Quien con el ojo de la visión interior distingue entre el campo y su conocedor, y ve la liberación del Espíritu respecto de la materia, va al Supremo.

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GITA 14

Krishna: Revelaré la sabiduría más grande de todas: los sabios que la conocen, alcanzan la perfección.

Al refugiarse en esta sabiduría, se vuelven parte de mí: no renacen al momento de la creación, no se destruyen en la disolución.

En mi Naturaleza pongo la semilla de las cosas venideras, y de esta unión nacen todos los seres. Natura es la Madre y yo soy el Padre que les dio la vida.

SATTVA, RAJAS, TAMAS– luz, fuego y oscuridad- son los tres constituyentes de la naturaleza, parecen limitar, en cuerpos finitos, la libertad de su infinito Espíritu; son las tres Gunas o hilos que, trenzados, son los componentes y las cambiantes condiciones de Natura. Son la luz y armonía de la inteligencia pura y de la bondad; el fuego y deseo de la energía mental impura y la inquieta pasión, y la oscuridad de lo insulso y de la inercia.

Sattva, al ser pura y dar luz y salud, une felicidad y conocimiento inferior.

Rajas es fuente de sed y sujeción. Une el alma a la acción.

Tamas nace de la ignorancia, oscurece el alma humana. La ata a una aburrida somnolencia, en la que no vigila ni trabaja.

Una Guna puede prevalecer sobre las otras dos.

Si la muerte llega prevaleciendo Sattva, el alma va a las regiones puras de quienes buscan la Verdad. Si prevalece Rajas, renace entre los de inquieta actividad. Si prevalece Tamas, renace en el seno de los irracionales.

Un buen trabajo tiene la armonía de Sattva, pero en Rajas, trae dolor, y en Tamas, trae ignorancia.

De Sattva surge sabiduría, de Rajas codicia, de Tamas negligencia y engaño.

En Sattva se sigue la senda alta, en Rajas la llana, y en Tamas se cae a la senda baja.

Cuando el visionario aprecia que las fuerzas de la Naturaleza son los únicos actores de este vasto drama, y observa ESO que está más allá de los poderes naturales, entonces viene a mi Ser.

Cuando trasciende las tres condiciones de Natura que constituyen su cuerpo mortal, entonces, liberado de nacimiento, vejez, muerte, y pesar, ingresa a la Inmortalidad.

Arjuna: ¿Cómo se reconoce a quien ha ido más allá de los tres poderes de Natura, cual es su senda y cómo los trascendió?

Krishna: Es quien no odia la luz, actividad intensa, u oscuridad, si están próximas, ni las anhela, si están lejos.

Quien, imperturbable ante los cambios, sentado aparte, observa y dice “los poderes naturales rotan“, y sigue firme y sereno.

Quien mora dentro de sí, y es el mismo en el placer y en el dolor, para quien es lo mismo oro, piedra o arcilla, y lo placentero y lo desagradable no afectan su paz, quien está más allá del elogio y la acusación, y su mente es firme e impasible.

Quien es el mismo en honor y desgracia, ama igual a enemigos y amigos, desecha toda empresa egoísta –esta persona ha trascendido a las tres Gunas.

Quien con amor constante me adora y labora para mí, trasciende los tres poderes y puede ser uno con Brahman, el UNO.

Soy la morada de Brahman, la constante fuente de la vida eterna. La ley de la rectitud es mi ley, y mi gozo es infinito.

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GITA 15

Krishna: Hay un árbol, el árbol de la Transmigración, el Asvattha imperecedero. Sus raíces están en lo más Alto, y sus ramas están aquí abajo. Sus hojas son canciones sagradas, quien las conoce conoce los Vedas.

Sus ramas se expanden del cielo a la tierra, y los poderes naturales les dan vida. Sus capullos son los placeres de los sentidos. Sus raíces se prolongan hacia abajo, al mundo humano, sujetando al mortal a través de acciones egoístas.

El humano no percibe la forma cambiante de ese árbol, ni su inicio ni su final, ni en dónde están sus raíces. Pero permitan al sabio ver, y con fuerte espada desapasionada, déjenlo cortar al enraizado, y seguir la senda de la que no se regresa. Dirá “voy a refugiarme en el Espíritu Eterno, de donde la corriente de la creación vino en el principio“. Pues allá va quien es de visión pura.

Ahí no brilla el Sol, ni la Luna alumbra, ni el fuego arde, pues la Luz de mi gloria está ahí. Quien alcanza esa morada, no regresa ya.

Una chispa de mi Espíritu se transforma ahí en alma viviente, con los cinco sentidos alrededor de su centro, y la mente descansando en Natura.

Cuando el Señor del cuerpo llega, y cuando parte y erra, la lleva consigo, como el viento los perfumes, del lugar donde duermen.

Vigila a la mente y sus sentidos, oído, vista, tacto, gusto y olfato, y su conciencia disfruta su mundo.

Si parte, o permanece, y con sus poderes disfruta, el engañado no lo ve, pero quien tiene el ojo de la sabiduría, sí.

Quien busca la unión, lo ve en su corazón; pero quien no es puro ni tiene sabiduría, aunque intenta, no lo ve.

Vengo a la Tierra y, con amor que da vida, lo sustento todo. Me convierto en el olor y sabor de la sagrada planta Soma, la errante Luna. Soy el fuego de vida en todo cuanto respira; en unión con el aliento que fluye adentro y afuera, abraso las cuatro clases de alimento.

Estoy en el corazón de todo. Conmigo vienen memoria y sabiduría, y sin mí, se van. Soy el conocedor y el conocimiento de los Vedas, y el creador de su finalidad, el Vedanta.

Hay dos espíritus en el universo, el perecedero y el imperecedero. El primero son todas las cosas de la creación, el segundo es lo que no se mueve.

Pero el más alto es el Supremo, Dios de la Eternidad, que permea todo y todo lo sustenta.

Trasciendo lo perecedero y lo imperededero, en este mundo y en los Vedas me conocen como el Espíritu Supremo. Quien así me ve, sabe cuanto hay que saber, y me venera con toda su alma.

Te he revelado mi más secreta doctrina, Arjuna. Quien la ve, ha visto la Luz, y ha cumplido su cometido.

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GITA 16

Krishna: Ausencia de temor, pureza de corazón, constancia en la enseñanza sagrada y la contemplación, generosidad, armonía, adoración, estudio de las escrituras, austeridad, rectitud;

No-violencia, verdad, ausencia de ira, renunciación, serenidad, aversión a señalar faltas, piedad por todos los seres, ausencia de codicia, gentileza, modestia, firmeza;

Energía, perdón, fortaleza, pureza, buena voluntad, ausencia de orgullo –estos son los tesoros de quien nace para el cielo.

Engaño, insolencia y vanidad, rudeza e ignorancia –son propias de quien nace para el infierno.

Las virtudes del cielo son para la liberación, pero los pecados de infierno son las cadenas del alma. No sufras, Arjuna, el cielo es tu derrotero final.

Escucha sobre la maldad del infierno: el malvado ignora qué debe y qué no debe hacerse. No hay pureza en su corazón, ni buena conducta, ni verdad.

Dice: “Este mundo no tiene verdad, ni base moral, ni Dios. No hay ley de la creación: ¿Cuál es el objeto de nacer sino la lascivia, la lujuria?”.

De alma muerta, e irrisoria inteligencia, acomete su tarea malvada: enemigo de este bello mundo, trabaja para destruirlo.

Tortura su alma con deseo insaciable, lleno de falsedad, insolencia y orgullo, se aferra a sus oscuras ideas, y lleva a cabo su impuro trabajo.

Rodeado de innumerables ansiedades que duran hasta su muerte, su objetivo mayor es el placer sensual, y firmemente cree que no hay nada más.

Atado a cientos de vanas esperanzas, ira y lascivia son su refugio, lucha con medios injustos para amasar riqueza y saciar sus deseos. “Gané ésto hoy, logré este deseo, esta riqueza es mía, y aquella también lo será“, “He matado a este enemigo, a otros los mataré igual, soy un señor, gozo la vida, soy exitoso, poderoso y feliz“, “Soy rico y de noble cuna, ¿Quién me iguala? Pagaré por rituales religiosos, contribuiré a beneficiencias, disfrutaré” Así habla en su oscuro engaño.

Desviado por pensamientos equivocados, atrapado en su red de engaños, encadenado a los placeres de sus deseos, caerá en el detestable infierno.

En su arrogante vanagloria, ebrio con el orgullo de su riqueza, ofrece equivocados sacrificios, por ostentación, contra la ley divina.

En sus cadenas egoístas, de violencia, odio y lujuria, el malvado me odia; me odia en él mismo y en otros.

En los vastos círculos de vida y muerte, inexorablemente lo llevo a su destrucción: es el ser más bajo, cruel y malvado, cuya alma es odio.

Renace en vidas inferiores, en oscuridad, una y otra vez, y no viene a mí, sigue la senda del infierno, la muerte del alma, que tiene tres puertas: lascivia, ira, y codicia. Que el humano eluda las tres.

Si las libra, hace lo que es bueno, y entra a la senda Suprema.

Quien rechaza las palabras de las Escrituras y sigue el impulso del deseo, no alcanza la perfección, ni la senda Suprema.

Que las Escrituras te orienten sobre lo correcto y lo que no lo es. Conoce las Escrituras y has tu tarea en este mundo.

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GITA 17

Arjuna: Quien abandona la ley de las Escrituras, mas ofrenda con fé- ¿Cuál es su condición, Sattva, Rajas o Tamas –de luz, fuego u oscuridad?

Krishna: la fé humana, nacida de su naturaleza, es de tres clases: de luz, fuego y oscuridad. El humano sigue su naturaleza, está hecho de fé, es como su fé. Así, venera a los dioses de la Luz, o a los de poder y riqueza, o a los fantasmas y espíritus nocturnos.

Hay humanos egoístas y falsos, movidos por su lascivia y pasiones, realizan austeridades no ordenadas por los libros sagrados: tontos que torturan los poderes de la vida en sus cuerpos y a mí, que moro en ellos. Su mente es oscuridad.

Hay tres clases de alimento, tres de sacrificio, tres de armonía, y tres de regalos.

Quien es de Sattva, puro, gusta de comida pura, que da salud, poder mental, fuerza y larga vida, con sabor, relajante y nutritiva, y alegra el corazón.

El de Rajas gusta de comida ácida y aguda, salada y seca, que trae pesantez, enfermedad y dolor.

El de Tamas, la oscuridad, come lo desabrido y rezagado, podrido, impuro, inadecuado para ofrendas sagradas.

Un sacrificio es puro si es ofrenda de veneración, en armonía con la ley sagrada, sin esperar recompensa, y el corazón diciendo “Es mi deber“. Hecho por una recompensa, o por vanagloria, es un impuro sacrificio de Rajas. Hecho contra la ley divina, sin fé o sagradas palabras, sin el regalo de alimento, sin el ofrecimiento apropiado, es un sacrificio de oscuridad, de Tamas.

Reverencia a los dioses de la Luz, a los dos veces nacido, al maestro del Espíritu y al sabio, y tambien pureza, rectitud, castidad y no-violencia: esta es la armonía del cuerpo.

Palabras que dan paz, que son buenas, bellas y verdaderas, y la lectura de los libros sagrados: esta es la armonía de las palabras.

Quietud mental, silencio, armonía interior, amabilidad amorosa, y corazón puro: esta es la armonía de la mente.

La triple armonía es pura practicada con fé suprema, sin deseo de recompensa y con unicidad de alma.

Pero la falsa austeridad, en pos de reputación, honor y reverencia, es impura: pertenece a Rajas, es inestable e incierta.

Si el auto-control es auto-tortura por pereza mental, o hiere a otro, el auto-control es oscuridad.

Un regalo es puro, si se da de corazón, a la persona adecuada, en el tiempo y lugar adecuados, sin esperar nada a cambio. Si no es así, es Rajas, impuro.

OM, TAT, SAT. Son palabras para Brahman, de quien provienen los Brahmines, los Vedas y el Sacrificio.

Con la palabra OM, los amantes de Brahman inician toda tarea de sacrificio, regalo o armonía interior, realizada de acuerdo a las escrituras.

Y con la palabra TAT, y renunciando a toda recompensa, esta misma tarea de sacrificio, regalo o armonía interior, hace el que busca Libertad Infinita.

SAT es lo bueno y verdadero, si está bien hecha, el fin de la tarea es SAT.

Fé constante en el sacrificio, regalo o armonía interior, es SAT; así como todo trabajo consagrado a Brahman.

Pero las tareas hechas sin fé, son ASAT, son nada, en este mundo y en el venidero.

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GITA 18

Arjuna: Háblame de la esencia de la renunciación y la rendición.

Krishna: el abandono de tareas egoístas se llama renunciación, y el rechazo a la recompensa por todo trabajo es la rendición.

Escucha mi verdad sobre la rendición, que es de tres clases.

Las tareas de sacrificio, regalo y armonía interior, no deben abandonarse, pues son trabajos de purificación. Mas deben hacerse en la libertad de una ofrenda pura, sin esperar recompensa. Es mi palabra final.

No debe abandonarse un trabajo sagrado, es engaño de oscuridad. Si se abandona un deber por temor al dolor, esa rendición es Rajas, impura.

Si alguien hace trabajo sagrado, por deber, y abandona egoísmo y no espera recompensa, su tarea es pura, y es paz.

Ve, y no duda: es puro y en paz. El trabajo, placentero o doloroso, es gozo para él.

No se puede renunciar por completo al trabajo, pero quien renuncia a su recompensa, es acreditado con renunciación.

Si se trabaja por recompensa, se obtiene placer, o dolor, o ambos, en su tiempo, pero si hace trabajo para la Eternidad, la Eternidad es su recompensa.

Conoce las cinco causas de todas las acciones según la sabiduría Sankhya, donde se encuentra la finalidad de todo trabajo.

El cuerpo, el “Yo soy” inferior, los medios de percepción, los medios de acción, y el Destino. Estas son las cinco causas.

Lo que haga el humano, bueno o malo, en pensamiento, palabra u obra, tiene estas cinco fuentes de acción.

Si alguien piensa que su infinito Espíritu realiza el trabajo finito que hace la Naturaleza, su visión está nublada y no ve la verdad.

Quien está libre de las cadenas del egoísmo, y su mente está libre de mala voluntad, aunque mate a estos guerreros, no los mata, y es libre.

En la idea de un trabajo hay conocedor, conocer y lo conocido. Si la idea es trabajo, hay el hacedor, el hacer y la cosa hecha. En la ciencia de los Gunas, el conocer, el hacedor y la cosa hecha, son de tres clases, conforme a sus cualidades: si alguien ve Eternidad en las cosas perecederas, e Infinito en las finitas, tiene conocimiento puro.

Si alguien sólo ve la diversidad de las cosas, con sus divisiones y limtaciones, tiene conocimiento impuro.

Si alguien, de manera egoísta, ve una cosa como si fuera todas, independiente del UNO y de las muchas, está en la oscuridad de la ignorancia.

Cuando el trabajo se hace como algo sagrado, sin egoísmo, con la mente en paz, sin lujuria u odio, sin desear recompensa, el trabajo es puro.

Si el trabajo se hace con deseo egoísta, sintiéndolo como esfuerzo, o pensándolo como un sacrificio, es impuro. Hecho con la mente confusa, sin considerar qué seguirá, los poderes propios, el daño a otros, o la propia pérdida, es trabajo de oscuridad.

Alguien libre de ataduras egoístas y de su “Yo soy” inferior, si es decidido y perseverante, y con paz interior que trasciende victoria o derrota- posee Sattva pura.

El esclavo de sus pasiones, egoísta, codicioso violento e impuro, y motivado por placer y dolor, es de Rajas.

Si carece de armonía, y es vulgar, arrogante, falso; malicioso, indolente y abatido, proclive a la dilación, es de la oscuridad de Tamas.

Oye la triple división de sabiduría y firmeza, conforme a los tres Gunas.

Hay una sabiduría que sabe cuando partir y cuando regresar, qué debe y qué no debe hacerse, qué es miedo y qué valor, servidumbre y liberación –es sabiduría pura.

La impura no tiene claro lo correcto y lo erróneo, qué hacer y qué no hacer.

Hay sabiduría oscurecida cuando lo erróneo se piensa correcto, y cuando se piensa que algo es lo que no es.

Cuando en el Yoga de la sagrada contemplación los movimientos de la mente y del aliento de vida están en una armonía de paz, hay firmeza, y es pura.

Pero la firmeza que, deseando recompensa se ata a riqueza, placer, y aun a rituales religiosos, es pasional e impura.

La firmeza por la que el tonto no vence a la pereza, al miedo, a la autocompasión, la depresión y la lascivia, es firmeza oscura.

Escucha las tres clases de placer. Existe el placer de seguir la senda correcta que lleva al fin de todo dolor.

Lo que parece copa de pesar, resulta vino inmortal. Ese placer es puro: es el gozo que surge de una clara visión del Espíritu.

El placer que surge del anhelo de los sentidos hacia los objetos de sus deseos, que parecen bebida dulce, pero al fin resultan copas de veneno, es placer de las pasiones, impuro.

Y el placer que al principio y al final es sólo una ilusión del alma, que viene de la somnolencia, pereza o descuido, es placer oscuro.

Nada en la tierra o el cielo se libra de estos tres poderes de Natura.

El trabajo de Brahmins, Kshatriyas, Vaisyas y Sudras, es distinto, en armonía con los tres poderes de su naturaleza propia.

Los trabajos de un Brahmin son paz; armonía interior; austeridad y pureza; perdón amoroso y rectitud; visión, sabiduría y fé.

Los del Kshatriya: mente heróica, fuego interior,constancia, inventiva, valor en la batalla, generosidad y noble liderazgo.

Comercio, agricultura y ganadería es el trabajo de un Vaisya. El del Sudra es el servicio.

Todos alcanzan la perfección si logran gozo en su trabajo.

Alguien logra la perfección cuando su trabajo es adoración a Dios, de quien vienen todas las cosas y en todas está.

Más grande es tu trabajo, así sea humilde, que el de otro, aunque sea importante. Cuando alguien hace el trabajo que Dios le dio, el pecado no puede tocarlo.

No debe abandonarse el trabajo propio, aunque no se logre en él la total perfección, en todo trabajo puede haber imperfección, como en todo fuego hay humo.

Si alguien cifra su razón en liberarse de la servidumbre, y su alma está en armonía, más allá de los deseos, entonces la renunciación lo guía a una región suprema que trasciende la acción terrenal.

Oye cómo alcanzar a Brahman, la más alta visión de la Luz.

Cuando la visión de la razón es clara, y la firmeza del alma está en armonía; cuando el mundo del sonido y de otros sentidos se ha ido, y el espíritu se ha elevado sobre pasión y odio;

Cuando alguien mora en la soledad del silencio, y la meditación y la contemplación están siempre con él; cuando demasiada comida no perturba su salud, y sus pensamientos, palabras y cuerpo están en paz; cuando estar  libre de pasión es su voluntad constante;

Y su egoísmo, violencia y orgullo se han ido; cuando la lascivia y la ira y codicia han desaparecido, y está libre de pensar “esto es mío“, y ha subido a la montaña de lo más Alto, merece ser uno con Brahman, con Dios. Más allá de pesar y deseo, su alma está en paz. Su amor es uno para toda la creación, y tiene amor supremo por mí.

Por amor me conoce, sabe quién soy y qué soy. Cuando realmente me conoce, ingresa a mi Ser.

En cualquier tarea que haga, puede refugiarse en mí, y alcanza, por mi gracia, el imperecedero hogar de la Eternidad.

Ofrece en tu corazón tus tareas a mí, y véme como el Objetivo de tu amor, refúgiate en el Yoga de la razón, y apoya siempre tu alma en mí. Así habrás salvado todos los peligros por gracia mía; mas si tus pensamientos los diriges a ti, y no escuchas, perecerás.

Si no acometes tu batalla de vida porque en tu egoísmo temes a la lucha, tu resolución es en vano: la naturaleza te urgirá con fuerza.

Porque estás en la servidumbre de Karma, de las fuerzas de tu vida pasada, y eso que tú, en tu engaño, con buena voluntad no quieres hacer, tendrás que acometerlo, aun contra tu voluntad.

Dios mora en el corazón de todos los seres: tu Dios mora en tu corazón, y su maravilloso poder mueve todas las cosas –títeres en una escenificación de sombras, arrastrándolos en la corriente del tiempo.

Ve a él por tu salvación, con toda tu alma, victorioso. Por su gracia obtendrás la paz suprema, tu hogar de Eternidad.

Te dí palabras de visión y sabiduría más secretas que los misterios escondidos. Pondéralos en el silencio de tu alma, y libremente has tu voluntad.

Oye el más profundo secreto de silencio. Porque te amo te dire las palabras de salvación.

Dáme tu mente y tu corazón, tu sacrificio y veneración. Esta es mi palabra de promesa: en verdad vendrás a mí, me eres preciado.

Deja todo, ven a mí por tu salvación. Te liberaré de la servidumbre de los pecados. No temas más.

Esto no debe decirse a alguien sin autodisciplina, o sin amor, o que no quiere oir o argumenta contra mí.

Mas quien enseñare esta doctrina secreta a quienes me aman, quien tiene amor supremo, en verdad vendrá a mí.

No puede haber humano que haga mayor trabajo para mí, ni que sea más apreciado por mí.

Para quien aprenda en contemplación las sagradas palabras de nuestro discurso, la luz de su visión es su veneración. Esta es mi verdad.

Quien sólo escucha pero tiene fé, y no hay duda en su corazón, también alcanza la liberación y los mundos de gozo de los justos.

¿Oíste estas palabras en la comunión silenciosa de tu alma, la oscuridad de tu engaño ha sido disipada por tu Luz interior?

Arjuna: Por tu gracia recuerdo mi Luz, mi engaño desapareció. Mis dudas no existen más, mi fé es firme; y puedo decir “Hágase tu voluntad”

Sanjaya: Así escuché estas gloriosas palabras entre Arjuna y el Dios de todo, y llenaron mi alma de asombro y maravilla.

Por la gracia del poeta Vyasa escuché estas palabras de secreto silencio. Escuché el misterio del Yoga, enseñado por Krishna, el Maestro.

Recuerdo siempre, Oh rey, las palabras de sagrada maravilla entre Krishna y Arjuna, y una y otra vez mi alma siente gozo.

Donde esté Krishna, el derrotero Final del Yoga, y donde esté Arjuna, quien domina el arco, hay belleza y victoria, gozo y rectitud. Esta es mi fé.

FIN

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